El diablo me prometío tocar el cielo
con mis manos, con mis dedos.
Y yo creí pagárselo con dinero;
pero el diablo cobra en alma.
Y el alma se despedaza
entre lágrimas y cuervos.
Y ahora...
Ahora soy despojo, soy pellejo.
¿Quien me enseñó a ser lo que soy?
¿Quien me dirá lo que merezco?
¿Quien me dará las buenas noches?
y quien me quitará el desvelo?.
Cuanto sentí perderla... ¡cuanto la sigo queriendo!
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